El telégrafo, el Great Eastern y los problemas del primer cable transoceánico
Publicado el 21/01/2011 | 11 Comentarios
En 1804, el catalán Francesc Salvà i Campillo inventó el primer telégrafo eléctrico del que se tiene constancia. Si bien aquel mecanismo no era totalmente funcional, y sería perfeccionado cinco años más tarde por el alemán Samuel Thomas von Sömmering, suponía una revolución sin precedente. La revolución industrial había mejorado notablemente los tiempos de viaje y de comunicación, pero el telégrafo podía dejar obsoletos esos sistemas de comunicación.
En 1833, Johann Friedrich Gauss instalaba en Göttingen una línea telegráfica de 1.000 metros para unir la universidad y el observatorio astronómico de la ciudad. La instalación funcionaba a la perfección, y decidieron compartir este proyecto con William Cooke y Charles Wheatstone, introduciendo así el primer telégrafo comercial en Estados Unidos en 1839, dejando en un segundo plano a Samuel Morse, quién había patentado el telégrafo eléctrico de forma independiente en el país….
La historia de Philo Farnsworth, el inventor de la televisión
Publicado el 24/10/2010 | 9 Comentarios
Imaginad que tenéis una idea y que se trata de una idea que podría cambiar el mundo. Imaginad que tenéis un problema, y no tenéis los fondos necesarios para ponerla en práctica y comprobar que es acertada. Imaginad que poco a poco los años pasan y sigues sin encontrar fondos para poner tu idea en práctica mientras otros muchos se acercan cada vez más y más a descubrirla. Esta es la historia de Philo Farnsworth, el inventor de la televisión.

I: Philo Farnsworth
La historia está cargada de pequeñas coincidencias. Hechos simples que desencadenan una serie de circunstancias que nos llevan a que a día de hoy el mundo sea tal y como lo conocemos. Farnsworth nació en 1906 en una cabaña de Utah alejada de la civilización moderna. Con tan sólo once años su …
Un ataúd para evitar el entierro prematuro
Publicado el 25/06/2010 | 6 Comentarios
La tapefobia (miedo a ser enterrado vivo) se extendió en Europa preocupantemente entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX coincidiendo con las epidemias de cólera que arrasaron Europa. Durante aquellos años, se dieron muchos casos de ataúdes revisados tiempo después del entierro con marcas de arañazos en la parte interior, que demostraron que algunas de las personas enterradas no estaban realmente muertas.

I: Enterrado vivo – Pompeya
Este miedo estuvo tan extendido, que entre los muchos documentos históricos se han podido encontrar escritos de algunos personajes representativos de la época que estuvieron preocupados ante la posibilidad de ser enterrados vivos.
Todo lo que deseo para mi propio entierro es que no me entierren vivo – Lord Chesterfield en una carta a su nuera.
Hacedme un entierro decente, pero no pongáis mi cuerpo en el
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