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La gravedad según Kepler


Publicado el 23/11/2010

Johannes Kepler, el teólogo, físico y matemático alemán que pasó a la historia por enunciar sus famosas tres leyes sobre el movimiento de los planetas, al igual que Galileo Galilei y otros muchos astrónomos de la época intentó dar una nueva explicación la razón por la cual los planetas se movían.

Sus primeras aproximaciones fueron muy similares a las de Galileo. Su fuerte formación clásica le hizo, pese a creer firmemente en el modelo planetario de Copérnico, partir con muchas ideas preconcebidas de las que se tuvo que ir retractando con el tiempo. Kepler inicialmente creía que las distancias entre cada uno de los planetas y el Sol estaban establecidas por esferas concéntricas, cada una de las cuales correspondía a cada uno de los planetas, y por ende los asoció a su vez con los elementos clásicos aristotélicos.


I: Johannes Kepler

Basándose en todo esto, Kepler publicó en 1596 “Misterium Cosmographicum”, un libro en el que alababa el modelo planetario creado por Dios, centrándose en su perfección a la hora de utilizar esferas perfectas. Pero desde el momento que aceptó colaborar con Tycho Brahe, todo este modelo se iría viniendo abajo poco a poco.

En 1602, tras la inexplicada muerte de Tycho Brahe, Kepler accede por primera vez de forma libre y completa a la mayor recopilación de datos planetarios que Brahe había observado a lo largo de gran parte de su vida. Con los datos de la posición de Marte, el planeta más detallado en los documentos de Brahe, Kepler se percató rápidamente que toda su teoría de las esferas concéntricas no era posible.

Eso no le hizo dudar de su fe en Dios en ningún momento, y continuó buscando formas regulares que fueran compatibles con los datos de Brahe. Probó con combinaciones de círculos e incluso con óvalos, viendo como cada vez todo se complicaba más. Finalmente probó con elipses, y gracias a la pronunciada órbita elíptica de Marte, Kepler no tardó en encontrar la concordancia. Los planetas describían en su trayectoria elipses.


II: Leyes planetarias de Kepler

En tan sólo tres años, Kepler definió de manera precisa los movimientos planetarios en sus tres leyes, pero pese a tener los movimientos, no tenía la explicación de por qué esto era así. Gracias a su predicción de las órbitas de todos los planetas conocidos, Kepler se percató de que los planetas que más alejados estaban del Sol se movían más lentamente, lo que le hizo suponer que una fuerza inversamente proporcional a la distancia estaba implicada en la gravedad.

Pocos años antes, en 1600, William Gilbert había realizado experimentos que demostraban que la Tierra funcionaba como un imán gigantesco. Éste hecho le hizo pensar a Kepler sobre la posibilidad de que la Tierra no fuera el único cuerpo celeste que funcionaba como un imán. De este modo, Kepler razonó que también podía emanar magnetismo del Sol y del resto de planetas, y que era el magnetismo lo que impulsaba a los planetas a girar alrededor de sus órbitas.

Una vez llegado a este punto Kepler no consiguió avanzar más. No pudo dar consistencia matemática a su teoría sobre la causa del movimiento planetario, pero gracias a él se puede decir que la idea aristotélica de la gravedad estaba completamente muerta a su muerte a mediados del siglo XVII. El único problema es que Kepler, junto a Galileo, habían destrozado un sistema sin ser capaces de describir otro que ocupara su lugar.

Este artículo forma parte de la serie Historia de la Gravedad:

Fuentes y más información:


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