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La formación de los Grandes Lagos y de las Cataratas del Niágara


Publicado el 14/04/2013

En Mayo de 1675, a petición de Luis XIV, cuatro misioneros fueron enviados a la por aquel entonces conocida como Nueva Francia. El grupo, acompañado del renombrado explorador Robert de La Salle, recorrió la zona este de los Grandes Lagos durante los tres primeros años. En 1679, el grupo decidió cruzar al inexplorado oeste de Nueva Francia, más allá de los Grandes Lagos.

En 1680, Al regreso en de la expedición, Louis Hennepin, uno de los cuatro misioneros nombrados por Luis XIV, publicó un relato en una revista con todos los detalles de la expedición. En aquel escrito Louis hablaba de unas impresionantes cataratas, más grandes y caudalosas que cualquier otras que jamás hubiera visto.

Louis Hennepin había llegado junto a Robert de La Salle a las que hoy conocemos como Cataratas del Niágara.

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Vista aérea de las Cataratas del Niágara. (fuente)

Louis y Robert no habían sido los primeros humanos en toparse con esa gran maravilla de la naturaleza. Quizá ni siquiera fueran los primeros europeos, ya que distintos historiadores dudan que gente como Samuel de Champlain, Paul Ragueneau o Jean de Brébeuf pudieran haber llegado antes. Pero fuera de toda duda, miles de iroqueses, una tribu amerindia de la zona de los Grandes Lagos, conocían las Cataratas del Niágara desde cientos de años antes de la llegada de los europeos e incluso miles.

El origen geológico de las Cataratas del Niágara es relativamente reciente. Se remonta pocos miles de años atrás, tanto como la formación de los Grandes Lagos, al final de la última era glaciar, en torno a 10.000 años antes de nuestra era. Cuando la gran capa de hielo Laurentino comenzó a retroceder formó lo que hoy se conoce el Lago Agassiz.

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Lago Agassiz (fuente)

El Lago Agassiz, alimentado por gran parte del deshielo de la capa Laurentino, entre el año 12.000 aC y 8.000 aC llegó a formar una masa de agua más extensa que los cinco grandes lagos en conjunto. Se estima que en su momento más extenso llegó a alcanzar más de 440.000 km^2, casi el doble de la extensión actual de los Grandes Lagos y más extenso que el mismísimo Mar Caspio.

Hasta cuatro veces se desbordó, drenándose en cuatro direcciones distintas: hacia el noroeste llegando al Océano Ártico, hacia el noreste llegando al Océano Atlántico norte, por el este llegando al Océano Atlántico y hacia el sur llegando al Golfo de México. Estos drenajes masivos tuvieron un fuerte impacto en el clima y en las primeras civilizaciones americanas, como por ejemplo de forma indirecta la formación de los Everglades.

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Drenaje del lago Agassiz (fuente)

El deshielo de la capa de hielo Laurentino un poco más al este del lago Agassiz, junto al drenaje del propio Agassiz descrito hacia el este, ayudaron a llenar de agua los valles erosionados por glaciares a lo largo de más de 80.000 años formando lo que hoy conocemos como los Grandes Lagos.

Desde el momento de su primera formación, los Grandes Lagos han estado interconectados en sí, generando un gran flujo continuo de agua dulce a través del Río San Lorenzo al Golfo de San Lorenzo, en el Océano Atlántico. El flujo continuo se mantiene, con la excepción de los lagos Míchigan y Hurón interconectados entre sí, a través de ríos. En general los ríos no han de salvar grandes desniveles, por lo que su capacidad erosiva es mínima con una única excepción, el Río Niágara, donde se salva un desnivel de casi 100 metros entre los lagos Erie y Ontario.

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Desnivel de los Grandes Lagos (fuente)

Precisamente ese desnivel de 100 metros es lo que ha generado a lo largo de los últimos 10.000 años una formidable garganta de 11 kilómetros de distancia, desde las Cataratas del Niágara hasta la desembocadura del Río Niágara en el lago Ontario. De hecho, la propia garganta del Río Niágara es una muestra de que las cataratas del Niágara no estuvieron siempre donde se encuentran en la actualidad.

En el momento de la formación de los Grandes Lagos, el río Niágara salvaba todo el desnivel existente entre los lagos Erie y Ontario directamente en la desembocadura. Ha sido la erosión a lo largo de los últimos 10.000 años lo que ha hecho que las Cataratas hayan ido retrocediendo hacia el lago Erie, formando el cañón en el que hoy yace el curso bajo del río Niágara.

De hecho, aún en la actualidad las Cataratas del Niágara están en continuo retroceso a una media de 30 centímetros al año, muy por debajo de la media histórica de casi un metro anual. A este ritmo, aún nos quedan 50.000 años antes de que la erosión consuma los 32 kilómetros de curso alto del río Niágara hasta llegar al lago Erie.

Fuentes y más información:


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6 comentarios

  1. quique de las heras
    26/03/2015 @ 19:23

    muy completo,gracias.

    [Responder]

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