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La guerra y esa mirada fija en el horizonte


Publicado el 26/07/2012

Mirada lejana y perdida. Ni un sólo atisbo de reconocer todo lo que tiene en frente, pero aun así con cara de estar visualizando el terror extremo. Un gesto desencajado que transmite dolor y sufrimiento, pero que es incapaz de reaccionar ante todo lo que sucede alrededor. Una mirada atrapada en un momento del pasado, de un pasado por el que nadie desearía haber pasado.


La mirada de las mil yardas (fuente)

En el año 1945, un artículo de la revista Life en el que se publicaba una pintura del artista Tom Lea titulándola: “Los marines la llaman la mirada fija de las 2.000 yardas”. Lea fue un artista y corresponsal de guerra durante la Segunda Guerra Mundial que supo plasmar como ningún otro artista esta característica mirada de muchos soldados con trastorno por estrés postraumático.

La popular pintura de Tom Lea muestra un retrato de un marine durante la batalla que enfrentó a Estados Unidos y a Japón en la isla de Peleliu, en el Océano Pacífico, en septiembre de 1944. La descripción que dio el propio Lea del protagonista de su obra fue estremecedora:

Abandonó los Estados Unidos hace 31 meses. Fue herido en su primera campaña militar. Tuvo enfermedades tropicales. Dormía a medias por la noche y durante el día sacaba a los japoneses de sus agujeros. Dos tercios de su compañía murieron o fueron heridos. Esta mañana, volverá al ataque. ¿Cuánto puede soportar el ser humano?

Esta es la otra parte de la guerra. La parte de la guerra que sólo conocen aquellos que la han vivido y los demás sólo podemos creer que somos capaces de imaginárnosla.


La mirada de las dos mil yardas (Tom Lea) (fuente)

La mirada de las dos mil yardas o mirada de las mil yardas es como en los países anglosajones a esta mirada mustia y desenfocada presente en muchos casos de trastorno por estrés postraumático, principalmente – pero no exclusivamente – en soldados que han participado en una guerra de forma prolongada.

En algunos casos estos soldados son incapaces de ver la devastación les rodea, y se mantienen quietos, sin reaccionar, totalmente ajenos a lo que les rodea. Sus cuerpos no son capaces de reaccionar a los estímulos externos, quedando en un limbo en el que la supervivencia únicamente depende de los compañeros que puedan hacerse cargo de ellos.

Fuentes y más información:


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7 comentarios

  1. JUAN
    27/07/2012 @ 00:12

    Tal como lo comente en Meneame. Me quedo con esta frase:

    Abandonó los Estados Unidos hace 31 meses. Fue herido en su primera campaña militar. Tuvo enfermedades tropicales. Dormía a medias por la noche y durante el día sacaba a los japoneses de sus agujeros. Dos tercios de su compañía murieron o fueron heridos. Esta mañana, volverá al ataque. ¿Cuánto puede soportar el ser humano?

    [Responder]

  2. Potopo Roscatuerca
    27/07/2012 @ 16:15

    Tienen la vista perdida en el infinito, parece que estén mirando al pasado viendo una y otra vez alguna escena que su cerebro no ha sido capaz de procesar.

    Ha sido leer esto y acordarme inmediatamente de un comic que no sé si habrás leído, se llama “Punisher Nacimiento” y cuenta una historia de Frank Castle antes de convertirse en el castigador, cuando todavía estaba en Vietnam.

    Tu artículo me lo ha hecho recordar porque el dibujante supo plasmar en las viñetas esa misma mirada… me da escalofríos.

    [Responder]

  3. Helmut
    27/07/2012 @ 17:22

    Solo los que lo han vivido saben lo que es ver tu pais destruido

    [Responder]

  4. juegos de chicas
    28/07/2012 @ 17:59

    Muy bueno el articulo, me ha encantado.

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  5. Consultor SEO
    28/08/2014 @ 21:52

    Una mirada impactante; “una no-mirada” probablemente sería más correcto. Hace un tiempo leí en alguna parte que había 2 lecturas además de la devastación sicológica que relatas:
    1- Enajenamiento voluntario, “me guardo en la distancia lejos del horror”, algo que ya has apuntado de otra forma.
    2- En campañas prolongadas en terreno abierto la vista se acomoda en una distancia focal superior a la habitual, algo así como una hipermetropía adaptativa a la situación: “cuanto antes descubras a tu enemigo menos podrá acercarse”.
    Un saludo

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