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Steven Callahan: El hombre que sobrevivió tras 76 días a la deriva


Publicado el 24/02/2011

Steven Callahan estudió filosofía en la universidad. No contento con sus posibilidades laborales se entrenó como ingeniero naval, gracias a lo cual comenzó a diseñar y construir embarcaciones. Con esas mismas embarcaciones que el diseñaba practicó navegación, y en barco viajó a lo largo y ancho de todo el mundo. Su vida fue la de cualquier amante de la mar hasta comienzos de los 80. Entonces comenzó un viaje en barco que cambiaría su vida.


I. Napoleon Solo, la embarcación de Steven Callahan

Callahan salió del puerto de Newport, en Rhode Island, en 1981 tripulando Napoleon Solo, una embarcación diseñada y construida por él mismo. Su primera parada fue en Las Bermudas, donde recogió a su amigo Chris Latchem, junto al que partió a Inglaterra.

Allí, Callahan pasó unos días junto a Chris, y a la llegada del otoño decidió partir en solitario desde Penzance dirigiéndose hacia el sur. En las siguientes semanas surcó las aguas de la costa francesa haciendo una parada a causa del mal tiempo en La Coruña. El temporal había dañado notablemente al Napoleon Solo, por lo que tuvo que detenerse unos días a reparar los daños y así poder continuar su viaje.

Continuando hacia el sur, surcó la costa de Portugal, pasó por Madeira y se dirigió de nuevo hacia el sur, llegando a las Islas Canarias, donde haría una nueva parada para abastecerse. Tras unos días decidió que su viaje por el lado este del Atlántico había finalizado, por lo que puso su siguiente objetivo en Antigua, en su continente natal.


II. Steven Callahan

El 29 de Enero de 1982, Steven Callahan partió de la isla de El Hierro a bordo del Napoleon Solo. Después de sólo siete días, la pesadilla comenzó. Después de una pequeña tormenta, un agujero había aparecido en la embarcación y el agua estaba entrando a una velocidad que le impediría llegar a América.

Por suerte, Callahan era un tipo muy precavido, así que hinchó su bote salvavidas y se pasó a él. Después, pasó al bote todo lo que tuvo tiempo de salvar: un saco de dormir, arpones, un cojín, un kit de primeros auxilios, algo de comida, mapas de navegación, bengalas de humo, dos destiladores de agua y un manual de supervivencia escrito por Dougal Robertson.

Completamente a la deriva, la embarcación continuó camino de América, alejándose cada vez más de tierra firme. A los pocos días, se vio obligado a empezar a pescar y a encontrar un modo de optimizar sus días y su supervivencia, esperando a que algún barco lo encontrase. A lo largo de los días fue avistando algunos barcos, pero ninguno lo suficientemente cerca como para que se percatase de su presencia. Las bengalas no surtían el efecto, pero Callahan en ningún momento desesperó lo más mínimo.


III. Adrift: 76 days lost at sea

Así pasaron un total de 76 días hasta que el 20 de Abril de 1982, en plena noche, avistó por primera vez luces de civilización en el horizonte. Se trataba de la isla de Marie Galante, al suroeste de Guadalupe. Al día siguiente, un pescador le encontró y lo ayudó a alcanzar por fin tierra firme, después de 83 días en la mar, 76 de los cuales totalmente a la deriva.

Un hecho así habría cambiado por completo a cualquier persona, causándole un trauma inolvidable, pero Steven Callahan, pese a haber perdido un tercio de su peso, salió reforzado de su peculiar viaje. Transformó su vida para empezar a escribir libros de supervivencia, destacando especialmente Adrift, Seventy Six Days Lost at Sea, un libro en el que relata su peculiar aventura.

Éste libro, no sólo recoge una experiencia, sino que en él retoma sus estudios filosóficos y los aplica magistralmente a su experiencia, tal y como muestra este extracto muy en la línea de La conquista de la Felicidad de Bertrand Russell:

La privación es como una especie de regalo. Consigo alimento después de un par de horas pescando cada día y busco refugio en una tienda de goma. ¡Cómo de innecesariamente complicada parece ahora mi vida anterior! Por primera vez, puedo ver con claridad la vasta diferencia entre las necesidades humanas y los deseos humanos. Antes de este viaje, siempre había tenido lo que había necesitado, y era muy normal que estuviera decepcionado por no conseguir todo lo que quería, cuando la gente no cumplía mis expectativas, cuando una meta se veía frustrada, o cuando no podía conseguir un algún bien material. Mi situación me ha dado una extraña clase de riqueza, del mejor tipo. Valoro cada momento que no sufro dolor, desesperación, hambre, sed o soledad.

Fuentes y más información:


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10 comentarios

  1. Robustus Lavendier
    24/02/2011 @ 17:42
  2. Ciencia Difusa
    25/02/2011 @ 11:49

    Un artículo estupendo, como siempre. Que interesantes sus palabras, si todos vivieramos una experiencia así alguna vez, las cosas serían muy diferentes en el mundo.

    Saludos.

    [Responder]

  3. CC
    26/02/2011 @ 21:18

    La mente cuenta con extraordinarios mecanismos de adaptación y superación ante las situaciones más adversas. El protagonista de la historia comenzó no sintiéndose desbordado ante todo lo que estaba viviendo en la más absoluta soledad, algo verdaderamente complicado ya que estar en compañía de alguien nos ayuda de alguna manera a relativizar problemas o al menos a multiplicar las posibilidades de formular soluciones viables. Pero lo más sorprendente del asunto fue poder alcanzar la lucidez suficiente como para priorizar las necesidades reales que le imponía el contexto en el que se hallaba y desterrar de su mente todo lo superfluo y poder salir con vida.
    Suerte para él poder sobrevivir de todo aquello y suerte para los demás tener conocimiento de su proeza.
    Un abrazo tinerfeño.
    CC

    [Responder]

  4. Demócrito de Abdera
    9/05/2011 @ 23:12

    “Valoro cada momento que no sufro dolor, desesperación, hambre, sed o soledad.”

    Esto es algo que la gran mayoría de la gente no sabe ni valorar ni apreciar aunque parezca obvio en un primer vistazo y sin embargo es muy importante.
    Gran historia, tío, muchas gracias por contárnosla ;)

    [Responder]

  5. unoalmesomas
    10/05/2011 @ 20:56

    Si no te importe te enlazo en mi blog, impresionante historia!!

    [Responder]

  6. GUSTAVO
    1/11/2011 @ 07:27

    verdaderamente admirable.

    [Responder]

  7. azu
    19/03/2014 @ 05:07

    IMPACTANTE HISTORIA….HISTORIAS ASI SON EL EJEMPLO DE PRUEBAS DE VIDA, TAN SOLO IMAGINEMOS POR UN INSTANTE ESTAR NAVEGANDO CON 100 MILLONES DE DOLARES EN VARIOS PORTAFOLIOS ESTAR EN UNA SITUACION DE NAUFRAGIO Y QUE POR CONSECUENCIA NADA NI MUCHO MENOS NADIE NOS PUDIESE AYUDAR, SIN DUDA UNA SITUACION DE SUPERVIVIENCIA Y TAL SERIA ASI DE ESA MANERA QUE DE QUE NO SPODRIA SERVIR ESE MONTONAL DE DINERO SI ESTAMOS EN MEDIO DE LA NADA ENUNA SITUACION QUE PONE EN PELIGRO NUESTRAS VIDAD……..ES BASTANTE CLARO LA VIDA NO TIENE PRECIO LAS VANALIDADES SON SECUNDARIAS SON SUPERFLUAS LO MAS VALIOSOS QUE TENEMOS ES LO MAS SIMPLE SIN DUDA.

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