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La naturaleza de la felicidad


Publicado el 26/01/2011

Bertrand Russell posiblemente sea uno de los tipos más polifacéticos del siglo XX. Fue un importante matemático, trabajando en el campo de la lógica formal, un prolífico escritor e insistente divulgador. Pero quizá la faceta en la que más destacó, fue como filósofo, siendo considerado por muchos como el filósofo más importante del siglo XX.


I: Bertrand Russell

En uno de sus muchos trabajos, Russell escribió una especie de manual para entender la felicidad, en el que se valió de su propia biografía para intentar explicar la naturaleza de la felicidad:

Puede que la mejor introducción a la filosofía por la que quiero abogar sean unas pocas palabras autobiográficas. Yo no nací feliz. De niño, mi himno favorito era «Harto del mundo y agobiado por el peso de mis pecados». A los quince años se me ocurrió pensar que, si vivía hasta los setenta, hasta entonces solo había soportado una cuarta parte de mi vida, y los largos años de aburrimiento que aún tenía por delante me parecieron casi insoportables. En la adolescencia, odiaba la vida y estaba continuamente al borde del suicidio, aunque me salvó el deseo de aprender más matemáticas.

Ahora, por el contrario, disfruto de la vida; casi podría decir que cada año que pasa la disfruto más. En parte, esto se debe a que he descubierto cuáles eran las cosas que más deseaba y, poco a poco, he ido adquiriendo muchas de esas cosas. En parte se debe a que he logrado prescindir de ciertos objetos de deseo — como la adquisición de conocimientos indudables sobre esto o lo otro— que son absolutamente inalcanzables. Pero principalmente se debe a que me preocupo menos por mí mismo. Como otros que han tenido una educación puritana, yo tenía la costumbre de meditar sobre mis pecados, mis fallos y mis defectos. Me consideraba a mí mismo —y seguro que con razón— un ser miserable. Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos: el estado del mundo, diversas ramas del conocimiento, individuos por los que sentía afecto.

Es cierto que los intereses externos acarrean siempre sus propias posibilidades de dolor: el mundo puede entrar en guerra, ciertos conocimientos pueden ser difíciles de adquirir, los amigos pueden morir. Pero los dolores de este tipo no destruyen la cualidad esencial de la vida, como hacen los que nacen del disgusto por uno mismo. Y todo interés externo inspira alguna actividad que, mientras el interés se mantenga vivo, es un preventivo completo delennui. En cambio, el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de tipo progresivo. Puede impulsar a escribir un diario, a acudir a un psicoanalista, o tal vez a hacerse monje. Pero el monje no será feliz hasta que la rutina del monasterio le haga olvidar su propia alma. La felicidad que él atribuye a la religión podría haberla conseguido haciéndose barrendero, siempre que se viera obligado a serlo para toda la vida. La disciplina externa es el único camino a la felicidad para aquellos desdichados cuya absorción en sí mismos es tan profunda que no se puede curar de ningún otro modo.

Russell escribe este libro desde un punto de vista muy humano y cercano. En el prefacio deja claro que no es un libro dedicado a eruditos, y que tampoco pretende ser un libro para repartir la felicidad por el mundo. Su única intención es explicar la naturaleza de la felicidad. Con explicaciones autobiográficas como las que aquí os muestro nos introduce en un mundo que nos es común a todos los seres humanos, en el que todos tenemos momentos de felicidad y momentos de infelicidad. La sociedad es en cierto modo la que nos hace ver nuestros errores y defectos, y nos ataca directamente para que los mejoremos.


II: Mafalda y la felicidad

A lo largo de los nueve capítulos que describen la primera parte del libro, “Causas de la infelicidad”, Russell explora distintas causas que en un momento u otro pueden llegar a hacernos infelices. El aburrimiento, la fatiga, el sentimiento de pecado, la competencia o el miedo a la opinión pública son algunas de las causas que expone, pero quizás la clave de toda esta filosofía se describe en el primer capítulo, “¿Qué hace desgraciada a la gente?”.

Bertrand Russell expone dos tipos de felicidad. Una la compartimos con los animales, que es la felicidad por tener salud y alimentos para sobrevivir. Este tipo de felicidad los habitantes de los países más desarrollados la suelen dar por hecho, por lo que no se aprecia como tal, recayendo toda nuestra felicidad en el segundo tipo, la que depende del sistema social y de la psicología de cada persona. Dicho de otra forma, cuando nuestras necesidades básicas peligran, nuestra felicidad depende únicamente de conseguir esas necesidades básicas. Cuando esto está cubierto, aparecen las necesidades creadas, y nuestra felicidad dependerá de satisfacer estas nuevas necesidades.

Algunas de estas necesidades son creadas por nosotros mismos. La necesidad de sentirnos queridos, la necesidad sentirnos guapos o la necesidad de sentirnos poderosos. Otras muchas pueden venir impuestas por la sociedad, o la educación. Como el propio Russell muestra en el fragmento autobiográfico que puse al principio, el haber sido creado en un entorno familiar dominado por el miedo al pecado, puede provocar al individuo una necesidad de cumplir con las pautas inventadas para evitar caer en el pecado.

Llegados a este punto, tenemos un gran abanico de posibilidades para ser infelices, por ello Russell escribió la segunda parte del libro, “Causas de la felicidad”. A lo largo de otros nueve capítulos enumera muchas de las causas de felicidad para algunas personas: el cariño, la familia, el trabajo, los intereses no personales o el entusiasmo son algunos de los que menciona. Pero al igual que en la primera parte del libro, un capítulo se puede considerar como clave, en este caso el último, “El hombre feliz”.


III: Felicidad e infelicidad

¿Quién es más feliz, el hombre que tiene pocas necesidades, o el hombre que cubre muchas de las necesidades que tiene? Muchos son los que culpan a su inteligencia y sus ideales de su infelicidad, cuando en realidad la inteligencia y los ideales nunca pueden ser una causa final de la infelicidad, si no la postura que cada uno adopte frente a ellos.

Se puede considerar que la sociedad a día de hoy se asemeja mucho a la que Bertrand Russell conoció cuando publicó “La conquista de la felicidad” en 1930. En el libro relata que para un individuo de nuestra sociedad, las necesidades básicas se pueden extender más allá de las animales, añadiendo a la salud y la comida, el amor, el éxito en el trabajo y el respeto de los suyos. Pero más allá de esto, las supuestas necesidades internas empiezan a ser prescindibles.

Entonces esto es… ¿un libro de autoayuda? Para nada.

Bertrand Russell no ayuda, ni soluciona ningún problema. Simplemente expone los hechos, lo que a su parecer son las causas de la infelicidad y de la felicidad. Luego nosotros podemos identificarnos, en un intento de dar sentido lógico a nuestros pensamientos tal y como pretende la filosofía analítica, desarrollada por el propio Russell junto a Gottlob Frege a principios del siglo XX.

Nota: En la misma línea de esto publiqué un pequeño relato hace meses, por si queréis echarlo un vistazo: El coste de mi tiempo y el precio de la felicidad, así como otro acercamiento al concepto de la guerra en La naturaleza de la guerra.

Fuentes y más información:


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22 comentarios

  1. Ivan
    26/01/2011 @ 16:15

    Si no recuerdo mal, lo sintetizaba con tres premisas simples, tener un trabajo que te guste, que ese trabajo te dé para pagar tus facturas y poderte permitir algún pequeño “lujo” y tener una relación sentimental satisfactoria.

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    Judiator Reply:

    @Ivan, Visto asi es sencillo, pero en España eso no sera posible a no ser que nos carguemos a todos los politicos (la politica y gobierno) y el rey!

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    Homo sapiens Reply:

    Judiator : si yo fuera un político. ¿Cómo me cargarías? ¿Con arma blanca o con arma de fuego? ¿Y al rey? Y si tus intenciones no fueran tan violentas, ¿a quién pondrías? ¿A un nuevo Caudillo?
    Hazte mirar urgentemente, Judiator

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    Pablo Reply:

    @Judiator, El rey es de los que menos culpa…Mientras que los jovenes europeos se sublevan ante una subida de tasas universitarias aki nos vamos de botellon! Damos asco…si alguien kiere empezar a meter caña como en otros paises que avise que yo me apunto!

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    gustavo rodriguez Reply:

    Igual, nada fácil y casi imposible, es como la máxima: salud, dinero y amor; una utopía…

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  2. Majo
    26/01/2011 @ 22:25

    Excelente!!! :D

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  3. Swadow
    27/01/2011 @ 07:52

    Plas plas plas! Me parece genial, con tu permiso voy a darle publicidad como pueda :).

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  4. Mª de la O
    27/01/2011 @ 09:30

    Muchas somos las personas que en esta sociedad de consumo luchamos por ser felices dejando a un lado las cosas que no son importantes para el ser humano. La salud, las emociones positivas y el trabajo que te ayude a sobrevivir son las premisas, tras esto solo hay satisfacciones humanas totalmente prescindibles.

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    Justo Reply:

    Tienes razón, pero son muy pocos los individuos que consiguen liberarse del acoso abrumador que los medios de información, parte del sistema, ejercen sobre nosotros. La gran mayoría no lo consigue, y esa mayoría es el pilar del sistema.

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  5. rubén
    27/01/2011 @ 11:02

    Madre mía, no se habrá traducido “llave de la felicidad” del el inglés “key to happiness” en la viñeta de Mafalda, verdad? Verdaaaad?

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    Milhaud Reply:

    @rubén, teniendo en cuenta que Quino es el dibujante de Mafalda y es argentino… diría que va a ser que no.

    De hecho si ves la viñeta completa, Mafalda va a un cerrajero a pedírle la llave ;)

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  6. Ismael
    10/02/2011 @ 12:31

    El señor Russell es mi filósofo preferido. De echo su frase: ‘La curiosidad es el principio de la inteligencia activa’, es algo que me ha acompañado toda la vida.
    Muy buen artículo! Yo soy de los de la opinión, que con mucho menos se puede vivir, y ser feliz!

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  7. gustavo lobig
    5/12/2011 @ 05:10

    Anonada la cantidad de teorías y de recursos, incliutyendo los escapistas, que usa el ser humano para alcanzar la fugaz felicidad. He visto que son más felices quienes menos buscan ese estado, porque han sustituido las adicciones y apegos por preferencias, que no duelen tanto si no son satisfechas, y han aprendido a salir del egocentrismo para ampliar sus límites personales al punto de incluir a otros dentro de su esfera de amor y aceptación incondicional. Pero cómo cuesta arriesgarse a saltar dichos límites personales, sacrificando el Yo al Todo. De ahí que tan pocos sean los felices. Pensaba escribir sobre el tema en el polémico blog http://raguniano.blogspot.com/ pero creo inútil añadir algo a lo dicho tan claramente por Russell y por este estupendo blog. Felicitaciones!!!

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  8. astrid
    30/08/2012 @ 15:03

    felicidades a todos por ésta página.

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    Invictus Reply:

    Por que no dejamos de perseguir cosas y razones para ser feliz y nos centramos en buscar sentimientos.
    Poseemos demasiadas cosas con las quw seríamos felices, pero desgraciadamente trabajamos con un abanico muy pequeño de sentimientos. Basicamnete todos desembocan en los mismos tipos de sentimientos. Pero hay otros más potendes y duraderos que pasan desapercibidos para la mayoría.

    [Responder]

    Guadalupe Reply:

    A que tipo de sentimientos potentes y duraderos te refieres?

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  9. gustavo rodriguez
    5/03/2014 @ 05:15

    Me leí ese libro hace algun tiempo y me impresionó la posición de B. Ruseell, comencé a ver las cosas algo diferente luego. Es mi autor favorito pero en filosofía

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  10. Juan Aparicio
    11/04/2014 @ 00:29

    Bertrand Russell es mi autor favorito (junto con Carl Sagan) a ambos los caracteriza el estilo informal y el sentido del humor (condimentado con sarcasmo) con el que tratan los temas más “serios”. Considero a Russell la más grande influencia que me acercó a la filosofía, después de leer sus ensayos, puedo decir que también soy un Empirista. Es uno de los hombres más grandes que ha existido.

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