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Richard Feynman: La diferencia entre saber el nombre de algo y saber lo que es


Publicado el 14/04/2011

¿Alguna vez os habéis parado a pensar cómo sabes realmente qué es una cosa? Si bien de primeras puede parecer evidente, la respuesta no es tan sencilla cómo parece. Respecto a esto hizo una gran reflexión Richard Feynman en una entrevista a la BBC en 1981. Aquí os traduzco y adapto parte de la misma:


I: Richard Feynman

En casa teníamos la enciclopedia Britannica y desde que era un chaval solía sentarme en el regazo de mi padre pare que me leyera sobre algo de la enciclopedia. Entonces leíamos, pongamos, sobre dinosaurios, y podíamos hablar del brontosauro o del tiranosaurio, y mi padre me leía algo así como “Este animal mide 7,5 metros y su cabeza mide 1,8 metros”. Entonces se detenía y me decía: “Parémonos a pensar qué es lo que significa esto exactamente. Esto significaría que si este animal se pusiera de pie frente a nuestra casa sería lo suficientemente alto como para poner su cabeza a la altura de nuestras ventanas, pero su cabeza no podría meterse por la ventana porque sería demasiado grande para poder hacerlo sin golpear en el marco de la misma”.

Todo lo que leíamos lo traducíamos lo mejor posible en un tipo de realidad de tal modo que pudiera aprender algo sobre aquello que leía. Siempre que leía algo intentaba imaginarme qué era lo que realmente significaba. O sea, que se puede decir que cuando era pequeño me leía la enciclopedia, pero siempre la enciclopedia con una traducción para facilitar el entendimiento.

(…)

Cuando era pequeño, solía ir a las montañas Castkill. Vivíamos en Nueva York, y las montañas Castkill era el lugar al que la gente solía ir a pasar el verano. Cuando mi padre venía los fines de semana, me llevaba a dar paseos por los bosques y me contaba varias cosas interesantes sobre lo que sucedía en los bosques, y otras madres al ver lo que mi padre hacía conmigo convencían a sus maridos de que hicieran lo mismo con sus hijos, después de que mi padre se negara a llevar a los hijos del resto de padres a hacer algo que podían hacer ellos.

Así que, el lunes siguiente cuando todos los padres se habían marchado al trabajo, todos los chicos estábamos jugando en el campo y un chico se acercó a mí y me preguntó “¿Sabes qué tipo de pájaro es ese?” a lo que yo contesté que no tenía ni la más mínima idea. Entonces, señalando al pájaro me dijo “Este pájaro es un petirrojo, ¿acaso tu padre no te dice nada?” pero la realidad es que mi padre me había dado otra visión totalmente distinta. Al ver ese pájaro días antes, me había dicho “¿Ves ese pájaro? Es un petirrojo, pero en portugués es un pisco-de-peito-ruivo, en inglés es un European Robin, en alemán es un Rotkehlchen, etcétera. Ahora, Tú sabes en todos los idiomas que quieras el nombre de ese pájaro, pero cuando hayas terminado con ello, en realidad no sabrás absolutamente nada sobre el pájaro. Simplemente sabrás algo sobre personas en distintos lugares y cómo llaman ellos al pájaro. Ahora, miremos atentamente a ese pájaro y aprendamos algo de él”

La reflexión que expone Feynman sobre lo que aprendió de su padre es fascinante. Muchas veces nos centramos en averiguar el verdadero nombre de las cosas, pero el hecho de poder poner nombre a esas cosas no nos garantiza saber lo que realmente son. En realidad, el conocer qué es algo, no tiene absolutamente nada que ver con el ser capaz de ponerle un nombre.

Para saber qué es algo, debemos ser capaces de describirlo, de comprender su funcionamiento, su entorno y todo lo que podamos aprender. En ese momento, si alguien nos pregunta por algo, quizá no sepamos ponerle un nombre, pero sí que seremos capaces de describir todo lo necesario sobre ese algo para que la otra persona lo pueda identificar, y además saber mucho más sobre ello que si simplemente hubiera respondido con el nombre.


II: Scrabble: un juego de palabras

Al final, los objetos, las ideas e incluso las personas, tienen nombre por cuestiones comunicativas. El nombrar todo lo que nos rodea es imperiosamente necesario para poder referirnos a ello sin necesidad de señalarlo o describirlo intensivamente. Además, también gracias al nombre de las cosas, podemos agilizar la descripción y entendimiento de qué son otras cosas que nos rodean.

Os dejo con la entrevista a Feynman en versión original, más concretamente en la parte que cuenta la historia sobre el pájaro (un brown throated thrush según Feynman), y la explicación de su padre.

Fuentes y más información:


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10 comentarios

  1. José María ´Torres
    14/04/2011 @ 23:07

    Decía Galileo, Diálogos, Jornada II: no te pregunto el nombre, sino la esencia de la cosa. Pues eso

    [Responder]

  2. Dani
    14/04/2011 @ 23:32

    Muy interesante y sobre todo, muy cierto. Es una delicia escuchar a este hombre.

    [Responder]

  3. augus1990
    21/04/2011 @ 08:35

    quien haya estudiando filosofia alguan ves sabe que el Hombre solo describe el comportamiento del universo y le pone los objetos en éste.

    piensen que es un electron y sabran que es lo que hace y el nombre que le puso la sociedad pero su esencia no se conoce, y aunque se supiera cual es su esencia tampoco se sabria cual es la esencia de la esencia que forma el electron, y asi sucesivamente.

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    augus1990 Reply:

    @augus1990, me comi una palabra en “y le pone los objetos en éste.”, quise decir “y le pone los nombres a los objetos en éste.”

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  4. Jorge
    25/04/2011 @ 21:17

    Me parece una de las mayores verdades y más profundas que nos ha dejado Feynman. Muchas gracias por compartirla.

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  5. Antonio
    19/06/2012 @ 11:11

    La afirmación “En realidad, el conocer qué es algo, no tiene absolutamente nada que ver con el ser capaz de ponerle un nombre” creo que es falaz y dudo que tal cual la enunciara Feynman. En todo caso habría que haber añadido: un nombre “adecuado”, “unívoco”…

    Claro que “Para saber qué es algo, debemos ser capaces de describirlo, de comprender su funcionamiento, su entorno y todo lo que podamos aprender”. Pero precisamente por esto, si se nomina bien (eficazmente) previamente a elegir el nombre hay que haber realizado todo este proceso para ver que no llamamos de la misma forma a cosas diferentes.

    Pd: Aunque en esta discusión entrarían temas filosóficos, lingüisticos (ciertamente existen los sinónimos, auque no sé si exactos. Esto es, que dudo que no exista alguna gradación incluso entre sinónimos aparentemente iguales)…

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  6. Antonio
    19/06/2012 @ 11:21

    Otra contradicción. En la frase:
    “Al final, los objetos, las ideas e incluso las personas, tienen nombre por cuestiones comunicativas. El nombrar todo lo que nos rodea es imperiosamente necesario para poder referirnos a ello sin necesidad de señalarlo o describirlo intensivamente. Además, también gracias al nombre de las cosas, podemos agilizar la descripción y entendimiento de qué son otras cosas que nos rodean”.

    Si las cosas no tuvieran nombre no sería posible la descripción, ni siquiera intensiva, ya que no existirían las palabras.

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