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La Rebelión de An Lushan, la primera gran guerra


Publicado el 24/10/2011

Para muchos, el siglo XX ha pasado por haber visto dos de las guerras más sanguinarias de la historia, así como crueles matanzas bajo regímenes autoritarios. Pocos pueden pensar en esos cien años sin tener en cuenta la relevancia de gente como Hitler o Stalin, o de la Segunda Guerra Mundial, cuyo número de víctimas se estima entre los 40 y 72 millones de personas.

Pero las grandes guerras y grandes matanzas no es algo exclusivo del siglo XX. Durante toda la historia han tenido lugar cruentas guerras cuyo número de víctimas se cuenta por millones. A la mente pueden venir esas guerras antiguas llevadas a cabo por el imperio romano en su afán expansionista, las invasiones bárbaras o las devastadoras conquistas de Gengis Khan y los mongoles.

Pero más allá de estas populares guerras que tuvieron lugar o influyeron notablemente en Europa, hubo muchas grandes guerras que para occidente son completas desconocidas. Los ejemplos son múltiples, sobre todo en China, donde la guerra entre las dinastías Ming y Qing produjo 25 millones de víctimas en el siglo XVII, o la Rebelión de Taiping costó la vida a más de 20 millones de personas. Pero su una tuviera que ser la primera gran guerra, esa fue la Rebelión de An Lushan en el siglo VIII.


Aurora (Guercino) (fuente)

Las guerras en China fueron algo común desde la antigüedad. Las continuas disputas entre los distintos reinos y dinastías por la hegemonía causaron cruentos enfrentamientos. Para entender la magnitud de estas batallas hay que tener en cuenta que, pese a que la estimación mundial se estime de entre 200 y 250 millones de habitantes al comienzo de nuestra era, tan sólo en lo que se corresponde a la actual China vivían 60 millones de personas.

La dinastía Tang llegó al poder por segunda vez en el año 705, después de la muerte de la emperatriz Wu Zetian. A lo largo del siglo VII, durante el primer periodo de la dinastía, China tuvo uno de sus momentos de mayor esplendor económico, pero el segundo periodo predominó la inestabilidad social y económica que llevaron al declive a la dinastía.

La situación insostenible, unida a la inestabilidad y las revueltas a las que se enfrentaron durante la primera mitad del siglo VIII las dinastías circundantes, firmaron el detonante para que en el año 755 el general An Lushan comenzara la revolución.

Lo que podría haber sido una victoria rápida con el apoyo del pueblo, se tornó en un tortuoso enfrentamiento. Los rebeldes consiguieron dominar el noroeste de China en tan sólo un año, tras convencer a un gran número de oficiales y suprimir a todos los opositores. Los problemas comenzaron cuando intentaron viajar al este para intentar tomar Chang’an (actual Xi’an), la capital de imperio.


Aurora (Guercino) (fuente)

Los rebeldes, pese a su gran poder, no encontraron el apoyo necesario para un progreso continuo, e incluso encontraron revueltas internas. El primer gran varapalo de los rebeldes tuvo lugar cuando An Qingshu, el hijo de An Lushan, mató a su propio padre. Este hecho, que pudiera haber finalizado el alzamiento, tan sólo los hicieron más cruentos. Shi Siming vengó la muerte de An Lushan y continuó con el avance hacia la capital, tomándola en 756.

Al comiendo de 757 la lucha entre los rebeldes y la dinastía Tang se estancó a causa de la igualdad de fuerzas. Esto provocó que los enfrentamientos se alargasen durante 6 duros años en los que no hubo ninguna tregua y descanso. Finalmente, los problemas internos en la zona rebelde hicieron que la dinastía Tang, con ayuda de sus aliados del sur, suprimiera revuelta en el año 763.

En los 8 años que duró la revuelta, el censo de China descendió en 36 millones de personas. Por supuesto, no todos morirían en el campo de batalla, pero los enfrentamientos y la consecuente hambruna y opresión convertieron la revuelta de An Lushan en la guerra más sanguinaria de la historia de la humanidad durante 1.200 años, siendo superada por la Segunda Guerra Mundial. Aún así, si tenemos en cuenta los porcentajes de población, la Segunda Guerra Mundial tomó la vida de un 2% de la población mundial, mientras que la revuelta de An Lushan supuso la vida de un 15% de la población mundial.

Fuentes y más información:


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6 comentarios

  1. Luis Leija Vázquez
    15/08/2013 @ 02:42

    Tal parece que la violencia y la ambición desmedida forma parte de la etología humana, traemos el crimen grabado en nuestros genes y es urgente modificar esa instrucción que arrastramos penosamente en nuestra evolución o tendremos que aceptar la fatalidad de nuestra naturaleza.
    La teoría psicológica conductista de Skinner propone que transformando nuestras relaciones sociales podremos modificar este instinto anhelante de poder que no se sacia.
    Valdrá la pena intentarlo.

    [Responder]

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