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La pepita que desató la fiebre del oro


Publicado el 31/01/2011

La fiebre del oro posiblemente sea la migración y población de un territorio más impresionante de la historia. Antes de este de que multitud de personas de toda América y parte de Europa llegasen a California en busca de oro, la población de la región se reducía a pequeñas aldeas aisladas, así como algunos poblados de aborígenes norteamericanos. Pero, ¿cómo comenzó todo?

Los primeros registros históricos de oro hallado en California se remontan a 1816, cuando se encontró una pequeña cantidad de este preciado metal en la provincia española de California. Entonces los rumores comenzaron a extenderse, y se mantuvieron vigentes durante mucho tiempo en la región, pero nunca sin dejar de ser algo más que un mero rumor. En las siguientes décadas algunos grupos de hombres aislados intentaron encontrar más oro en la región, sin tener ningún éxito, ni transcender los hechos.


I: John Sutter

El 1 de Julio 1839, John Sutter, un inmigrante suizo, llegaba a California con intención de encontrar un lugar definitivo donde asentarse. Sutter había abandonado su suiza natal después de la quiebra de un negocio en su Berna natal, y había marchado a América en busca de nuevas oportunidades. Ya había pasado por Nueva York, Canadá, Alaska e incluso Hawái, pero parecía que California sería su lugar.

A su llegada a la región, únicamente estaba habitada por 1.000 europeos y 30.000 aborígenes. Entonces Sutter tuvo la gran idea de levantar una colonia a medio camino entre los Estados Unidos y California, a modo de punto de parada para todo el flujo migratorio que viniera del este del continente, así como por el orgullo de conseguir un lugar en propiedad. Para ello, siguió el curso del Río Americano adentrándose en el desierto tanto como pudo.

Los primeros años fueron complicados. La supervivencia en un territorio tan inhóspito era difícil, pero en tan sólo dos años, ya contaba con un fuerte llevado por los empleados de Sutter. Durante los siguientes años, ganó dinero gracias a los pocos inmigrantes que fueron llegando, gracias a lo cual se pudo permitir construir unas murallas decentes, cañones y edificios orientados al comercio de los bienes necesarios para los nuevos colonos procedentes del este.


II: Sutter Fort

La ambición de Sutter no tenía límites, así que en 1848, decidió ampliar el ya conocido como Sutter Fort con un aserradero para suministrar de madera a los colonos. Para ello eligió un lugar a ocho kilómetros río arriba, adentrándose en un pequeño bosque. Allí mandó a varios hombres, entre los que se encontraba James Marshall, el carpintero jefe de la expedición.

La mañana del 24 de Enero de 1848, Marshall estaba inspeccionando la construcción del aserradero cuando un brillo captó su mirada. Ahí, en la superficie de unas aguas profundas junto al aserradero había un brillo amarillo que parecía ser metálico. De primeras, tras probar su maleabilidad, tuvo esperanzas. Tomó unas cuantas piedras amarillas y se las llevó en su gorro donde estaban el resto de hombres trabajando.

Marshall compartió con todo el grupo su descubrimiento, y durante unos días los trabajos en el aserradero pararon por completo mientras todos intentaban recoger más trozos de este metal. Con los dedos sólo no era posible, pero con un cuchillo bastaba para hacerse con grandes cantidades de metal.


III: El aserradero de Sutter y Marshall

Entonces Marshall decidió volver al fuerte, donde compartió con Sutter su descubrimiento. Inmediatamente Sutter cerró la puerta, y junto a Marshall se dispuso a seguir los pasos descritos en una vieja enciclopedia que poseía en el fuerte para comprobar si ese metal brillante era el que ambos tenían en mente. Los análisis no arrojaron ninguna duda. Las piedras amarillas que traía Marshall eran pepitas de oro en estado puro.

Tanto Sutter como Marshall intentaron mantener la noticia en secreto, pero ninguno de los dos contó con lo que pudieran hacer el resto de trabajadores del aserradero. Los rumores se extendieron rápidamente por la región, y no tardaron en ser una noticia en todos los Estados Unidos, así como en las grandes ciudades de Europa. De este modo, en tan sólo un año, California pasó a tener 90.000 habitantes.

La fiebre del oro se había desatado. Durante la década siguiente, California pasó a tener casi 400.000 habitantes y el fuerte de Sutter pasó a ser conocido como Sacramento (la actual capital de California). Muchos de estos nuevos habitantes habían llegado en busca del gran mito americano, un lugar en el que algunas personas podían llegar a ganar grandes cantidades de dinero en tan solo un día, pasando a formar parte de la riqueza de una región que hasta 10 años atrás únicamente había vivido de la ganadería y la agricultura.

Fuentes y más información:


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7 comentarios

  1. Pamoba
    1/02/2011 @ 00:22

    Interesante artículo. Gracias por la información, no sabía nada de la fiebre del oro.

    [Responder]

  2. Rafael
    6/01/2012 @ 11:48

    Bravia a todos

    [Responder]

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