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Cuando las editoriales rechazaron las obras cumbre de Jane Austen


Publicado el 16/12/2010

Jane Austen fue una mujer nacida a finales del siglo XVIII, que tan sólo publicando cuatro novelas en vida (y dos más póstumas) consiguió hacerse un hueco en la historia de la literatura inglesa y mundial. Su obra está caracterizada por una gran ironía, y según los expertos su obra puede considerarse como una novelización del pensamiento de Mary Wollstonecraft, la primera mujer que luchó abiertamente por los derechos de la mujer.

En la época en la que vivió Jane Austen, el ser mujer no contemplaba la posibilidad de ser escritora, lo que llevó a publicar sus primeras obras de forma anónima bajo distintos seudónimos. De este modo, pese a sus obras poco a poco fueron consiguiendo grandes críticas, Jane Austen murió con tan sólo 42 años (se cree que a causa de la enfermedad de Hodgkin) sin conocer el reconocimiento que le brindarían las siguientes décadas.


I: Jane Austen

Hace tan sólo tres años, en 2007, David Lassman, un escritor inglés y gran admirador de Jane Austen, decidió demostrar al mundo editorial la falta de rigor existente en los últimos años a la hora de escoger las obras para ser publicadas. Para ello, tomó los dos primeros capítulos de La abadía de Northanger (el primer libro escrito por Austen), lo cambió el título y el nombre de los personajes principales y se lo mandó a cuatro editores acompañado de la siguiente carta de presentación:

Querido señor / señora,

Mi nombre es Alison Laydee y le adjunto los dos primeros capítulos de mi primera novela, titulada Susan, para una posible publicación a cargo de su editorial. Está ambientada a comienzos del siglo XIX en torno a la maravillosa ciudad de Bath, y trata sobre las aventuras de una joven que viene a disfrutar de unas vacaciones. Allí comienza su transición de niña a mujer, enamorandose y contrayendo matrimonio con su hombre ideal. Supongo que lo llamaría Romance de Regencia (¿Se hace ese tipo de escritura? Porque si no, creo que existe una gran demanda de ella, sobre todo entre las lectoras femeninas). En cuanto a su extensión, creo que estará en torno a 90.000 palabras. He estado escribiendo desde que tenía 11 años, y aunque he escrito poesía y algún que otro escrito, esta es mi primera novela completa, aunque ya he comenzado otras.

Nací en Hampshire, pero afortunadamente vivo en Bath. Siento que la ciudad es un lugar ideal para ambientar una novela romántica, especialmente por la naturaleza histórica de la ciudad y creo que vivir aquí me ha ayudado a inspirarme para completarla. Sin pretender ser presuntuosa, creo que “Susan” será una sorpresa para cualquier persona que lo lea y que, perdone que sea tan directa, podrá convertirse en una película encantadora.

Pese a que soy muy joven, mis ideas sobre la vida de mi propio género, tanto a nivel histórico como contemporáneo, creo que son bastante precisas como para ganarme a las mujeres de cualquier lugar.

Te adjunto un sobre con los sellos y la dirección, y espero tener notiicas vuestras muy, muy pronto.

Atentamente,

Alison Laydee

Lo mismo hecho con La abadía de Northanger, también se hizo con otras tres obras de Jane Austen, entre las que se incluía Orgullo y prejuicio, y fue enviado a 14 editores más. En aquel momento 18 editores de Inglaterra tuvieron en sus manos cuatro obras que a lo largo de la historia han sido calificadas como obras cumbre de la literatura británica del siglo XIX.

Poco a poco David Lassman fue recibiendo respuestas de las distintas editoriales. Las primera que recibió fueron las de La abadía de Northanger, que había mandado bajo el nombre de Susan. Las cuatro editoriales rechazaron contundentemente la propuesta de Lassman, por parecerles una obra sin el tirón ni la calidad suficiente como para poder obtener buenos resultados.


II: David Lassman

De primeras Lassman no desesperó, porque al fin y al cabo se trataba de la obra menos conocida de Austen, y posiblemente la más inmadura de todas. Por ello esperó pacientemente a que le llegasen las respuestas de Primeras Impresiones (el nombre que le puso a su particular plagio de Orgullo y prejuicio). Aquellos dos capítulos enviados contenían unas de las aperturas más populares de la literatura inglesa, pero parece ser que eso no valió de nada a algunos de los editores.

Pan MacMillan le devolvió los escritos argumentándole que el volumen de trabajo no les permitía evaluarlo, lo cual no se puede culpar, pero lo peor llegó después. La agencia The Blake Friedmann le contestó asegurándole que después de que varios evaluadores de la editorial se leyeran los dos capítulos, habían determinado de forma conjunta que ni el estilo ni el contenido les aportaba la confianza suficiente como para apoyar su publicación. Tanto la agencia Curtis Brown, como la editorial Penguin también optaron por una respuesta similar a la de The Blake Friedmann. Y cuando ya toda la esperanza de Lassman parecía perdida, recibió la siguiente carta de Alex Bowler (un ayudante de editor de Jonathan Cape):

Querida Alison,

Gracias por enviarnos los dos primeros capítulos de “Primeras impresiones”. Mis primeras impresiones tras la lectura fueron de desazón y molestia; acompañados, por supuesto, de momentos de mucho humor. Le sugiero que coja su copia de “Orgullo y prejuicio”, que sospecho que tiene cerca de su teclado, y se asegure de que las primeras páginas no se asemejan tanto a las de ese libro. Después de todo, hay una cosa llamada plagio, y no tengo ninguna intención de tener algún problema con el legado de Jane Austen.

Le deseo lo mejor, y gracias por su excepcional propuesta.

Al final, de los 18 editores que recibieron copias de capítulos de Jane Austen, tan sólo 15 respondieron a Lassman. Todos menos uno, no sólo no fueron capaces de reconocer la obra de Jane Austen, sino que además rechazaron deliberadamente su contenido y forma por determinar que no tenían la calidad suficiente como para ser unas publicaciones de éxito.

Llegados a este punto. ¿Qué habría sucedido si Jane Austen no hubiera podido publicar sus obras por falta de un apoyo mínimo de las editoriales? Yendo más allá, se puede determinar, sin ningún miedo a la equivocación, que algún gran talento literario se ha perdido entre los rechazos de las editoriales, y de seguir así las cosas, muchos otros se perderán.

Fuentes y más información:


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13 comentarios

  1. Ezequiel Del Bianco
    16/12/2010 @ 09:53

    La conclusión es interesante, pero hay que tener en cuenta que sucede eso en todos los ámbitos de la vida. Muchas obras se han hecho famosas por una suma de circunstancias arbitrarias que no son necesariamente su calidad, de la misma forma que en ocasiones leemos libros maravillosos que no logran hacerse conocidos.

    Sucede lo mismo en la ciencia y en otros ámbitos: ¿Qué hubiera sido de la historia si el laboratorio de Alexander Fleming no hubiese sido un desorden total?

    En la literatura, simplemente se han escrito tantos libros, que sería técnicamente imposible que sean más conocidos “los mejores”. En parte porque no se pueden leer tantos como para comparar, y además porque los gustos son subjetivos.

    Es una pena que suceda esto con las editoriales, pero desgraciadamente no hay otra forma…

    [Responder]

  2. Víctor P.G.
    16/12/2010 @ 10:20

    Creo que lo más escandaloso del asunto que nos relatas en el artículo es que profesionales editoriales que se suponen expertos en literatura no fuesen capaces de reconocer obras de tanto relieve.

    Sin embargo creo que, tanto en literatura como en muchas otras expresiones artísticas, el éxito y el reconocimiento va inseparablemente ligado a su contexto, su momento histórico y a unas circunstancias que determinan la sensibilidad de los contemporáneos de época en que dicha obra fue creada.

    Dudo mucho que si alguien se presentase en el siglo XVIII con cualquiera de las obras expuestas hoy en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía obtuviese algo más que burlas y las considerase arte (yo confieso que tambien tengo dificultades para considerarlas arte).

    Y presentando el ejemplo a la inversa, si alguien del siglo XVIII se presentase en una editorial actual con una novela escrita según el estilo de su época consiguiese que se publicase. Probablemente, si Góngora, Quevedo o Lope de Vega fuesen ciudadanos del siglo XXI, estarían sin pena ni gloria en el anonimato.

    Cada cosa en su tiempo y su contexto.

    [Responder]

    Víctor P.G. Reply:

    @Víctor P.G.,
    Fé de erratas: “Y presentando el ejemplo a la inversa, si alguien del siglo XVIII se presentase en una editorial actual con una novela escrita según el estilo de su época consiguiese que se publicase”. Falta un “dudo que” entre época y consiguiese. :D

    [Responder]

  3. Antonio
    16/12/2010 @ 10:44

    Hay creaciones que merecen ser recordadas o conservadas por tener un valor absoluto e invariable en el tiempo (alcanzan en varios aspectos niveles de perfección) otras obras supusieron en su época un punto de inflexión y una revolución en la manera de entender la creación artística, estas últimas, sacadas de contexto, pueden perder valor. Hay obras de Miró que podía haber dibujado un niño chico, y hay cuadros de Dalí que seguramente sean intemporales.

    [Responder]

    Antonio Reply:

    @Antonio, ¿intemporales?

    [Responder]

    Milhaud Reply:

    @Antonio, intemporales o atemporales… son sinónimos :)

    [Responder]

  4. Pablo
    16/12/2010 @ 18:45

    La verdad, que gente “profesional” no reconociese una obra de gran prestigio…

    [Responder]

  5. minipunk
    16/12/2010 @ 22:47

    Que cruel es la vida.

    [Responder]

  6. Paola
    17/12/2010 @ 02:58

    Excelente artículo.

    [Responder]

  7. Carolina
    17/12/2010 @ 04:09

    Excelente articulo, me gusto mucho

    [Responder]

  8. Christine Beach
    24/12/2010 @ 06:58

    La conclusión es interesante, pero hay que tener en cuenta que sucede eso en todos los ámbitos de la vida. Muchas obras se han hecho famosas por una suma de circunstancias arbitrarias que no son necesariamente su calidad, de la misma forma que en ocasiones leemos libros maravillosos que no logran hacerse conocidos. Sucede lo mismo en la ciencia y en otros ámbitos: ¿Qué hubiera sido de la historia si el laboratorio de Alexander Fleming no hubiese sido un desorden total? En la literatura, simplemente se han escrito tantos libros, que sería técnicamente imposible que sean más conocidos “los mejores”. En parte porque no se pueden leer tantos como para comparar, y además porque los gustos son subjetivos. Es una pena que suceda esto con las editoriales, pero desgraciadamente no hay otra forma…

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