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en Filosofía

¿Por qué nos molestan los rescates financieros y las primas a directivos?

Pongámonos en situación. Año 2007-2008, en breves pasos difícil de resumir sin aburrir en exceso, revienta el sistema financiero global. La gota que colmó el vaso, la bancarrota del banco hipotecario estadounidense Lehman Brothers. Tras el desastre que supuso esta quiebra, muchas otras empresas en Europa y Norteamérica (principalmente bancos y aseguradoras) son rescatadas con fondos públicos de sus respectivos países para evitar la situación límite a la que se llegó con Lehman Brothers.

Para hacerlo más fácil, no hablemos de empresas norteamericanas o del resto de Europa. Centrémonos en España. Empresas como la CAM, Novacaixa y más recientemente Bankia, han tenido que acudir al dinero de todos los contribuyentes para poder refinanciarse y mejorar su mala situación. Por supuesto, pese a que algunos han podido / sabido entender la situación, la reacción generalizada de los españoles ha sido de indignación.

La cosa no termina ahí. Algunas de estas empresas rescatadas, tras recibir los fondos públicos, han tenido la desfachatez de dotar a sus directivos de primas cuantiosas. Ante este hecho, la indignación ya presente por el rescate de los bancos con fondos públicos no hizo más que multiplicarse. Unos directivos que ejerciendo su trabajo llevan a su empresa a la necesidad de pedir un rescate público para garantizar su continuidad, ¿se merecen un premio?

El adjetivo con el que la gente de a pie suele describir a estos directivos es codiciosos. Aparentemente los contribuyentes se cabrean ante el ansia de dinero de estos directivos que, pese a que sus respectivas empresas han tenido que ser rescatadas, no se cortan a la hora de recibir una prima. Pero si lo que realmente nos molesta es el ansia de dinero, ¿por qué no nos hemos indignado años atrás cuando los directivos conseguían primas aún mayores?

El filósofo Michael J. Sandel expone en su libro Justicia: ¿Hacemos lo que debemos? que en realidad lo que molesta al contribuyente no es la codicia en sí, si no que se premie el fracaso. La codicia no entiende de épocas buenas o épocas malas, simplemente es el afán por aumentar el capital sin límites. Por la contra, al contribuyente cuando las cosas van bien las primas le suelen parecen apropiadas (generalizando), pero cuando las cosas van mal no parecen tan apropiadas. La realidad es que estas primas hacen parecer que se está premiando un fracaso de magnitudes bárbaras.


Hay gente tan pobre, que lo único que tiene es dinero. (fuente)

Por supuesto, empresas y directivos siempre intentan justificarse ante este tipo de primas tras un rescate público. La escusa habitual es que, si se quiere tener a los mejores entre sus filas, hay que dotarlos de grandes primas. Y además, suelen añadir que es difícil determinar la culpa de los directivos, teniendo en cuenta la situación mundial, donde las cosas no van bien en ningún sitio.

Pero si los directivos no son responsables de cuando las empresas van mal, porque la situación global va mal para todos, ¿por qué sí que son responsables de que la empresa tenga grandes beneficios cuando la situación global va bien para todos? Si en realidad que las cosas vayan bien o vayan mal dependen en gran medida de factores externos que no son capaces de controlar, ¿por qué habría que premiarlos con primas en ninguno de los dos casos?

Después de muchos años, quizá ha llegado el momento en que todo el mundo se plantee si este tipo de primas es algo que merece la pena conservar de cara al futuro.

Nota: Toda la idea presentada aquí ha sido tomada del libro “Justicia: ¿Hacemos lo que debemos?” de Michael J. Sandel y adaptada del caso estadounidense al caso español. Este libro es uno de los muchos que recomendé en la lista de Libros sobre política que publiqué algunos días. Os recomiendo que la echéis un vistazo.
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  1. pero antes del rescate, las tales primas salían de la plata de los clientes del banco, no de todo el estado (no clientes incluídos) como con el rescate.
    Por otra parte, están haciendo recortes feroces para salvarlos a estos infelices, y los premian por eso?

  2. “How many slams in an old screen door? Depends how loud you shut it. How many slices in a bread? Depends how thin you cut it. How much good inside a day? Depends how good you live ‘em. How much love inside a friend? Depends how much you give ‘em.”

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