Midas, el oro y la maldición de la avaricia

Cuando Midas aún era un niño, una adivina le había predicho que conseguiría poseer una gran riqueza. Con ello en mente a lo largo de toda su madurez, consiguió convertirse en un rico y poderoso rey, pero nunca se conformaba con la riqueza y poder que ostentaba, si no que siempre deseaba más, queriendo poseer y disfrutar de todo aquello que fuera posible.

Un día Sileno, un amigo del dios Dionisio, fuertemente afectado por los efectos del vino, terminó quedándose dormido en el impresionante jardín de rosas propiedad del rey Midas. Cuando a la mañana siguiente los jardineros lo descubrieron, fue inmediatamente enviado ante la presencia del rey. Fue entonces cuando Sileno le relató grandes historias de lejanos países, así como sobre su amistad con el dios Dionisio.

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